Hace apenas unas semanas, mientras trasteaba con el portátil, le mostré a mi compañera unas fotos de mi casa en Santander. Había una en la que yo nunca había posado mi vista a pesar de que en las noches melancólicas acostumbrase a abrir esa carpeta. La foto es muy simple, no sé por qué la hice, quizás porque las cámaras digitales permiten hacer fotos sin pensar o quizás porque algo dentro de mí supo que iba a escribir sobre ella. Ella me dijo:
-¡Como se nota en su mano que tu padre es un hombre muy trabajador!
Este comentario hizo que repasara con vehemencia una y otra vez la foto como si yo sola me castigara por tan garrafal error. Me parecía increíble no haber sido capaz de percibir lo que alguien ajeno a él había sentenciado. Está claro que yo sé que mi padre ha sido, es y será un hombre muy trabajador pero en ese momento me sentí avergonzada. La foto es sencilla, aparece la mano de mi padre acariciando a una de sus ovejas preferidas. Supongo que ella llegó a esa conclusión (preciosa por cierto) porque la mano de mi padre no está cuidada. Es cierto, ésta nunca ha sabido qué se siente al pasar páginas en un libro por ejemplo, porque desde muy pequeñita (apenas seis años) ha tenido que dedicarse al campo y después a la construcción. Han sido muchos los cortes, golpes, picaduras etc etc que ha sufrido pero aún así siempre ha tenido una ilusión: crear. Ahora podría estar en inactivo y dedicarse a acariciar el mando de distancia, pero la mano de mi padre prefiere acariciar las hojas de las plantas o el tacto rugoso de la madera. Yo la entiendo, o quizás sean mis manos la que la entienden mejor porque cuando están cerca siento en ellas la admiración que le profesan. No sé si la mano de mi padre os gusta o si consideráis excesiva esta oda en su honor. Yo, con este escrito y gracias a mi compañera he descubierto que cada vez me gusta más esta foto, porque esa mano que vosotros veis es la que me da de comer y alguna vez que otra vez me seca las lágrimas.


Hace un año que decidí irme con él,
ahora sé que nos quedan muchos más por cumplir…

Si me buscas a las ocho de la mañana, me encontrarás ahí, detrás del conductor.
Pero hoy no, ni mañana, ni pasado…