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27/10/2005

^ 2 encuentros ^

El martes Juan José Millás asistió a un encuentro con sus lectores en Madrid. Yo me enteré gracias a una amiga y al final bien acompañada fuí al que sería mi segundo encuentro con mi escritor favorito.
Los dos encuentros fueron muy distintos entre sí. El primero fue en Santander, en la Universidad Menéndez Pelayo, en verano,de día, al lado de la playa y a las ocho de la tarde. Este último fue en Madrid, cuando los árboles comienzan a desnudarse, una hora antes (ya casi de noche) y en un espacio no demasiado acogedor para lo que él creo que se merece. La diferencia fundamental de estos dos encuentros soy yo, o más bien dicho mi actitud ante éstos.
En el primero estaba muy nerviosa y me parecía increíble estar delante de quien tanto me había hecho viajar y de una de las personas que no me cansaría de leer nunca. LLegué tarde y la chica de seguridad me dijo que no podía dejar pasar a nadie pero después de insistirle mucho y de mostrarme como una fanática sin más futuro que ese encuentro me dejó pasar y estuve en primer fila. Noté como él nos miraba a mi amiga y a mí quizás extrañado por nuestra edad en un acto donde la media estaría cerca de los 50 años. Por un momento imaginé que esa escena pudiera llegar a pertenecer a uno de sus libros e imaginé qué descripción haría él de mí, qué rasgos llamarían su atención y cuál sería la trama del libro que nunca llegará a escribirse. La idea que más me gustó fue precisamente esa, que nunca llegará a escribirse. Después de su intervención le pedí a su asistente que me firmara “El desorden de tu nombre” uno de los libros que más me gustan y él al vernos dijo ” ¡cómo no si me ha obnubilado su presencia!”. Probablemente sea la única frase referida a mí que oiga de su boca, pero para ser ésta la única no está nada mal. De este encuentro recuerdo cuando cerca de la valla que encierra al Palacio de la Magdalena le ví alejarse en un taxi.
El segundo encuentro sin embargo fue más sencillo. Fuí allí pero mi actitud era completamente distinta, me apetecía mucho verle y disfruté con todo lo que dijo pero sentí que en cierta parte ya le conocía. Entre él y yo sólo nos separaban unos metros. Mi primer encuentro me hizo ver que los mitos que nosotros creamos tienen la altura que queremos otorgarlos y aunque muchas veces creemos que subirles en un altar es muestra de adulación lo que provoca es el efecto contrario. Seguramente si le preguntara a Millás con cuál de los dos encuentros prefiere quedarse me diría que con el segundo, estoy segura que huiría de esa admiración en ocasiones con carácter divino. Así que esta última vez aunque por un momento pensé decirle que era yo la que fue a verle a Santander al final decidí no hacerlo porque prefiero que me recuerde como dos personas distintas.
Muchas veces he pensado cómo sería ser un personaje de los que escribe Juan José Millás pero ahora perfiero pensar cómo sería él como personaje dentro de una novela, quizás mi propia vida.

Filed under: — Rocío @ 10:09 pm Comments (2)

1/10/2005

^ señora de rojo^

^No ignoro que el recurso de beber para huir es un viejo truco pero ¿conoces tú alguno más eficaz para escapar de tí mismo? Una copa acartona el recuerdo, pero, al propio tiempo, convierte la onerosa gravedad de tu cuerpo en una suerte de porosidad flotante […] Esta forma de energía suele identificarse con la alegría, aunque, por supuesto, no es la alegría. Pero mi ingenio, si alguna vez existió, se ha agotado; ya lo estás viendo: no soy capaz de embadurnar un lienzo, ni siquiera de sostener un pincel en la mano^

Señora de rojo sobre fondo gris..
Miguel Delibes

Filed under: — Rocío @ 12:01 pm Comments (3)

9/8/2005

^ realidad^

-Todo el mundo ve la realidad-objeté-. Aunque no esté chiflado.

-Ahí es donde te equivocas- dijo Rodney-. Todo el mundo mira la realidad, pero poca gente la ve. El artista no es el que vuelve visible lo invisible : eso sí que es romanticismo, aunque no de la peor especie; el artista es el que vuelve visible lo que ya es visible y todo el mundo mira y nadie puede o nadie sabe o nadie quiere ver. Más bien nadie quiere ver. Es demasiado desagradable, a menudo espantoso, y hay que tener los huevos muy bien puestos para verlo sin cerrar los ojos o sin echar a correr, porque quien lo ve se destruye o se vuelve loco. A menos, claro está, que tenga un escudo con que protegerse o que pueda hacer algo con lo que ve. Quiero decir que la gente normal padece o disfruta de la realidad, pero no puede hacer nada con ella, mientras que el escritor sí puede, porque su oficio consiste en convertir la realidad en sentido, aunque ese sentido sea ilusorio; es decir, puede convertirla en belleza y esa belleza o ese sentido son su escudo. Por eso digo que el escritor es un chiflado que tiene la obligación o el privilegio dudoso de ver la realidad, y por eso, cuando un escritor deja de escribir acaba matándose, porque no ha sabido quitarse el vicio de ver la realidad pero ya no tiene un escudo con que protegerse de ella. Por eso se mató Hemingway. Y por eso cuando uno es escritor ya no puede dejar de serlo, a no ser que decida jugársela. Lo dicho: un oficio muy jodido.

“La velocidad de la luz” de Javier Cercas

Filed under: — Rocío @ 8:29 pm Comments (1)

30/7/2005

^soy como tú^

Tú no eres nadie.
Pareces
una conciencia:
la suma
de representaciones pasadas o actuales
que quizá te permitan obtener con esfuerzo
alguna imagen de ti misma. Ignoro con qué objeto.
Pero no, no eres nadie, ni siquiera
un desastre glorioso, una desolación,
o una inocente víctima.
Entiéndelo, mi amor, y olvida.
Olvida para siempre los disfraces,
el de conciencia o el de viuda. Yo te escribo
porque tampoco tengo muchos rasgos
y aunque me gustaría ser Juanjo Millás,
sé que soy como tú. Recorro los pasillos
de las casas igual que tú. Vigilo los teléfonos
con la misma intensidad sospechosa con la que tú los miras.
Tampoco quiero a nadie, aunque estos días
de finales de marzo
puedo fingir cierta pasión y disfrazarme, como tú, de amante
y hablar, igual que tú, de mi conciencia.
Pero en realidad soy como tú; es decir
nadie, nadie, nadie.
Quien diga lo contrario, no me quiere.

Juanjo Millás

Filed under: — Rocío @ 11:40 pm Comments (0)

15/7/2005

^algún amor que no mate^

algunamor.gif

«Triste se acostaba y triste se levantaba sin saber para qué. Hay veces que los corazones se rompen de verdad.»

Hoy empiezo a leer este libro de Dulce Chacón. De ella ya me leí “Blanca vuela mañana” que me encantó y tengo muchas ganas de leerme también “Háblame musa de aquel varón”

Filed under: — Rocío @ 4:18 pm Comments (2)

8/7/2005

^Siempre^

Antes de mí
no tengo celos.

Ven con un hombre
a la espalda,
ven con cien hombres en tu cabellera,
ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies,
ven como un río
lleno de ahogados
que encuentra en el mar furioso,
la espuma eterna, el tiempo !

Tráetelos todos
adonde yo te espero:
siempre estaremos tú y yo
solos sobre la tierra
para comenzar la vida !

-Siempre, Pablo Neruda

Filed under: — Rocío @ 1:35 pm Comments (0)

6/7/2005

^teoría de las causas finales^

Teoría de las causas finales

El otro día estaba hablando de la vida con un amigo y me dijo que me olvidara de las teleologías, que lo teleológico fue un invento de nuestra juventud sin ninguna vigencia en estos tiempos de crecimiento exponencial. A la gente ahora le gusta hablar así; como no hay dinero para salir a cenar, el que más y el que menos se entretiene tejiendo discursos que explican el mundo. Efectivamente, en nuestra juventud, que no teníamos dinero ni para un bocadillo, nos pasábamos el tiempo hablando de teleologías, y así nos ha ido.
El caso es que me disculpé como si tuviera necesidad de acudir al cuarto de baño y consulté a escondidas el diccionario. La teleología es la doctrina de las causas finales, y el crecimiento exponencial es el que está elevado a una potencia cuyo exponente es desconocido. Lo que mi amigo quería decir es que el mundo actual no es el resultado de un diseño: o sea, que nos hemos metido en un lío. Para ilustrarlo, mi amigo me explicó que las consecuencias de la revolución industrial eran perfectamente previsibles, puesto que el tipo de crecimiento que favorecía era lineal. En otras palabras, si uno sabía cuántos metros de tejido podía fabricar un telar, sabía también cuántos obreros le sobraban; bastaba con hacer la cuenta de la vieja. Pero con la revolución informática, combinada además con la mano de obra barata del sudeste asiático, no había manera de hacer ningún cálculo. “El crecimiento exponencial -añadió- es como si cogieras una cuartilla y la doblaras sobre sí misma varias veces; en el supuesto de que no tuvieras dificultades mecánicas para seguir doblándola cuando ya se te hubiera quedado algo pequeña, en seguida alcanzaría la altura de la torre Eiffel: eso es el crecimiento exponencial, así que olvídate de las teleologías.”
Desde entonces he intentado olvidarme de las teleologías, pero no soy capaz. Además, me habría gustado que me explicara, pero no supo hacerlo, qué pasaría si antes de alcanzar esa altura, no puedes seguir doblando la hoja. ¿Por dónde se rompe?

Juanjo Millás

Filed under: — Rocío @ 5:19 pm Comments (0)

27/6/2005

^Lo sé^

^…Sueño, un sueño. Lo sé, sólo fue un sueño. Recuerdo todo aquello como una pesadilla en la que, desde fuera de mí, me veo yo misma avanzando sonámbula; por fuerza tuvo que ser un sueño. Puede ser. Si alguien me dijese esto, yo le diría seguramente que es verdad, no me importa. Además, los sueños son lo más mío que tengo y no pienso contarlos. Porque hay cosas que no son para ser sabidas por los demás. No todo es para ser contado, y ni siquiera puede ser contado. A la gente le gusta querer conocer siempre lo más turbio y oscuro, lo más secreto, pero no siempre debe conocerse todo. Ya se ocupa la vida en su momento de mostrarnos las cosas que podemos ver, lo demás debe quedar oscuro. Dejarlo estar y no liarse. Es cierto que la vida es un cuento, pero hay cuentos secretos. O quizá no..

Y no creo que, aunque quisiera, pudiera contar exactamente lo que me ocurrió. No sabría. Sé lo que me ocurrió, lo sé porque lo he vivido. Aún más, lo sé mejor que cualquier otra cosa, conserva todo para mí una nitidez que nada de lo que vivo a diario tiene, estos días míos, esta vida mía de mujer adulta como cualquier otra…^

No vuelvas, Suso de Toro

Filed under: — Rocío @ 1:30 pm Comments (2)

21/7/2004

< <...Un cazador puede ir de caza y disparar al bulto y a distancia. Mata inadvertidamente a un muchacho que dormía entre la maleza en el bosque que ni si quiera grita cuando le alcanza la bala, muere en sueños: el cazador no se entera de lo que ha hecho, puede no llegar a saberlo nunca, pero está hecho: el muchacho no murió por si solo. Un conductor atropella a un transeúnte una noche, le da un topetazo, lleva prisa o tiene miedo o va borracho, aún así frena un poco dudando; ve por el espejo retrovisor que su víctima se levanta tambaleante, no ha sido gran cosa, respira tranquilo y sigue adelante. A los pocos días una hemorragia interna se lleva al viandante a la tumba, el conductor no se entera, puede no llegar a saberlo nunca, pero está hecho: el transeúnte no murió por si solo. O aún más azoroso, más involuntario: un médico llama a una mujer enferma, ella no está en casa y sale su contestador, él deja un recado trivial y olvida apretar el botón que cuega estos teléfonos modernos; a continuación el médico comenta con su enfermera el fatal diagnóstico de la mujer, a la que de momento piensa dar muchas esperanzas o bien no decirle nada. Sus comentarios piadosos y los de la enfermera quedan grabados en la cinta de la paciente, quien al oírlos decide no esperar al dolor y a la lenta ruina, se quita la vida esa misma noche. El médico puede no llegar a saberlo nunca, sobre todo si la mujer vive sola y a nadie más se le ocurre escuchar esa cinta. Pero está hecho: la enferma no murió por su enfermedad, no murió por si sola..>>
Mañana en la batalla piensa en mi,
Javier Marías

Filed under: — Rocío @ 5:17 pm Comments (2)